Adios, abuelo.
Cuando desperté esta mañana y recibí la noticia de que te habías ido no terminaba de asimilarlo entre el shock de la noticia, el sueño, el despertador y las prisas para llegar a tiempo a trabajar.
Aun sigo sin creerme que te hayas marchado, me saltan las lágrimas en cada momento que pienso en todos nuestros momentos, y aunque un océano entero nos separaba siempre que estábamos juntos aprendía algo de ti, de la vida, y de ser un buen hombre.
No puedo explicarte, de verdad, no… no tengo palabras para expresar el dolor que siento no haber podido estar en tus últimos días. Se me parte el corazón solo de pensarlo.
Lamento no haber podido agradecer tu atención, consejos y amor, y me siento como otro más del montón en este mundo al arrepentirme de no haberlo hecho en vida, y estar haciéndolo ahora que te has ido y que no puedes leerme.
Para mi siempre fuiste un ejemplo de hombre, de un gran hombre que luchó por los suyos y su país desde que dejó de gatear. La última vez que te vi por culpa del destino no pude despedirme como siempre había hecho. También lo recuerdo con mucho dolor.
Me hubiera gustado poder llegar un día a tu balcón en casa, donde degustabas del vino y queso de tu tierra manchega que tanto amabas y contarte que al igual que tu, hoy lucho cada día por ser un gran hombre, como tu, por ser feliz y ayudar a los que me rodean.
Sabía que este momento llegaría pero me gustaba fantasear con que algún día llegaría ese momento, que me verías como un hombre después de tanto tiempo siendo tu pequeño nieto, y que mi hijo conocería a la persona que formó parte de lo que soy hoy en día.
Lo siento mucho abuelo, te quiero, te quiero muchísimo, y si el cielo realmente existe coge un tabla de ibéricos, un Estola y siéntate a observar como me hago grande, como tu.
Adiós, abuelo.

